dilluns, 29 d’agost de 2016

Parasoles de color, toldos de ganchillo... Arte en las calles de Valverde de la Vera

Si hace tiempo nos fascinaron las calles del pueblo de Águeda, Portugal, cubiertas de paraguas de colores, que además de dar sombra a los transeúntes, ofrecían un fantástico espectáculo visual, de color y optimismo, ahora no deja de ser menos sorprendente este pueblito de Extremadura, Valverde de la Vera, Cáceres, donde han tenido la genial idea de cubrir artísticamente sus calles con toldos de ganchillo hechos a mano por los vecinos, para guarecerse del calor al tiempo que ofrecen un festival de colores.




María Fernández, arquitecta y con raíces en la localidad, es la mujer que ha liderado este proyecto de arquitectura efímera denominado Tejiendo la Calle, tomando como referencia el estilo Yarn Bombing y otros proyectos de Urban Knitting, de los que ya os hablé hace tiempo. Tejiendo la calle es un proyecto colectivo de Valverde de Vera, participativo y de cohesión, porque las tejedoras son mujeres del pueblo que se implicaron en seguida y empezaron a reunirse para tejer en grupo durante todos los meses del año con el fin de colorear sus calles en las fiestas de verano. Los material utilizados son plásticos reciclados (en su mayoría, bolsas de la compra de todos los colores) y la técnica utilizada el ganchillo XXL.  

Este año, Tejiendo la calle ha celebrado su cuarta edición y no deja de ganar adeptos del pueblo que quieren participar en él colaborando en la confección de nuevos parasoles. Al mismo tiempo, el número de espectadores foráneos (turistas) no ha dejado de aumentar, demostrando que a menudo, pequeñas acciones pueden lograr cambios significativos: de momento, Tejiendo la calle ya ha traspasado fronteras y ha sido seleccionado para el programa conjunto del Instituto Cervantes español y el Goethe alemán, Architectus Omnibus. De todos modos, tal y como su creadora ha indicado a los medios, Tejiendo la calle es un proyecto que no deja de crecer, que continúa vivo y abierto a todo el que quiera participar en él y por lo tanto, nadie sabe hasta dónde puede llegar.

Vale la pena destacar que estos parasoles de colores que adornan las calles de Valverde de la Vera,  poseen una triple función: la artística, que genera emociones y embellece las calles para goce y disfrute de los espectadores, la funcional, ya que durante el día, las piezas realizan la función de protectores solares y por la noche, llevan luces incorporadas, de manera que iluminan el camino que conduce la plaza del pueblo, centro principal de las fiestas; y la no menos importante, útil y enriquecedora para los vecinos, la función social, de terapia en común y cohesión. Este proyecto ha unido a las tejedoras, las ha reunido para charlar de sus cosas al tiempo que tejen con sus manos, las ha empujado a superarse, a trabajar y aprender en equipo, a aprender, a crear lazos entre distintas generaciones, a recuperar tradiciones casi perdidas, a sentirse reconocidas y orgullosas de ellas mismas y de su bonito pueblo. 


Una cosa está clara, los parasoles han llegado a Valverde de la Vera para quedarse: han coloreado el pueblo por dentro y por fuera, lo han llenado de vida, y no hay nada que pueda superar a un pueblo optimista, unido por un bien común.