dijous, 19 de març del 2015

Ni síndrome de Diógenes Digital ni síndrome de Diógenes Sentimental

La primera vez que oí hablar del síndrome de Diógenes me impresioné mucho porque era muy joven y no entendía cómo y de qué manera la soledad podía afectar a una persona mayor hasta el punto de encerrarse en su casa, aislándose del mundo, abandonando cualquier cuidado personal y dedicándose a acumular grandes cantidades de basura y desperdicios domésticos. 
A menudo, las personas que sufren este síndrome, reunen importantes cantidades de dinero en su casa o en el banco sin tener conciencia de lo que poseen y viven pensando que su situación es de extrema pobreza, lo que les induce a ahorrar aún más y guardar artículos sin ninguna utilidad. La mayoría de personas que sufren este trastorno son personas que se sienten solas, o no han superado la muerte de un cónyuge o familiar muy cercano o presentan cuadros depresivo. Por lo tanto, la soledad es el primer factor desencadenante de este síndrome que afecta mayoritariamente a personas de edad avanzada. Con frecuencia resulta difícil ayudar a quiénes sufren este trastorno porque evitan todo tipo de atención y no permiten que nadie entre en su hogar y conozca su "secreto". 

Mucho más tarde, hace un par de años, empecé a escuchar hablar del síndrome de Diógenes Digital, que se basa en la acumulación de material multimedia y cuyo factor desencadenante parece ser la infinita información que tenemos a nuestro alcance -gracias a las nuevas tecnologías-, y nuestra imposibilidad de asimilarla:  centenares o miles de correos en negrita que se acumulan en nuestro gmail y que no tenemos, ni tendremos, tiempo para leer, pero tampoco nos atrevemos a borrarlos por si acaso nos resultan necesarios más adelante - lo cual es incongruente porque desconocemos el contenido de tales mails-, descargas que nunca consultaremos, centenares de carpeta con fotos que no hemos vuelto a ver, videos que jamás visualizaremos y que se almacenan en nuestro ordenador sin orden alguno. Esta sobreexposición informativa nos conduce irremediablemente a hacer de la procrastinación parte de nuestra rutina -eso de archivar correos pensando que ya los leeremos más adelante o descargarnos pdf para consultarnos "otro día"-, de modo que siempre tenemos tareas pendientes por hacer y esto nos produce desconcierto, sensación de descontrol y estrés.



Y hace unos días, después de encontrarme con un amigo al que hace meses que no veía, descubrí el síndrome de Diógenes sentimental...