dilluns, 18 de setembre del 2017

¡No te estás volviendo loca, te están haciendo LUZ DE GAS!





El gaslighting o luz de gas, es una técnica de maltrato psicológico utilizada por los narcisistas con el fin de producir en la víctima una ansiedad extrema y un nivel de confusión tal, que ya no confíe en su propia memoria, percepción o juicio con la finalidad de acabar controlando a esa persona. Es un maltrato que suele acontecer en un entorno familiar, de amistad o de pareja y casi siempre,  el acosador es una persona cercana en quien la víctima confía. El maltratador tiene una personalidad manipuladora y malévola,  y una gran capacidad de convencimiento, y una vez ha escogido a su víctima, tratará de convencerla por todos los medios de que su percepción de la realidad, de los hechos y de las relaciones personales está equivocada y es engañosa para ella misma, para conseguir anular su voluntad y obtener el control absoluto sobre ella.

El término hacer luz de gas proviene de la obra de teatro británica Gas Light (1938) y de sus posteriores adaptaciones cinematográficas. Y en la década de los 70 se empezó a utilizar coloquialmente el término luz de gas  para describir los esfuerzos para manipular el sentido de realidad de una persona. 

En una primera etapa, el maltratador se esfuerza por establecer una relación privilegiada con la víctima, mostrándose servicial, agasajándola constantemente, prestándole seductoras atenciones o enamorándola. En esta etapa el maltratador situa a la víctima en un pedestal imaginario y se dedicar a “adorarla” -mito del falso pedestal-. Pero una vez ha conseguido la confianza y la estima de la víctima, el maltratador modifica su comportamiento, empezando en este momento el proceso de devaluación de la víctima. 

Durante el proceso de devaluación, los métodos empleados por el maltratador para generar confusión en la víctima son muchos y muy variados: 

  • Retener  con frecuencia y de forma sistemática información sobre hechos y sucesos, que son reemplazados  con información falsa
  • Esconder o cambiar de lugar objetos personales de la víctima para desorientarla
  • Producir ruidos que el manipulador dice no escuchar
  • Negar que se haya sostenido una conversación
  • Negar que algo ha sucedido a pesar de que la víctima presente pruebas “irrefutables” (porque entonces el maltratador la acusará de inventar, de estar loca, de invadir su intimidad o de intentar controlar).
  • Además de negar ante la víctima algo que ella misma ha presenciado, ha dicho o ha escuchado, puede ocurrir al revés y que el maltratador intente convencer a la víctima de que ella ha hecho o dicho algo que en realidad no ha tenido lugar. 
  • Limitar la vida social de la víctima, aislarla de su entorno. Para ello se la hace desconfiar de todo y de todos garantizando así que no airee información de lo que está ocurriendo y a su vez, que la víctima acabe confiando únicamente en el acosador.

Una vez creada la confusión en la víctima, el maltratador la acusará de tener lagunas mentales, de ser despistada, de ser mentirosa y beligerante, de ser desleal,  mala persona, e intentará demostrar, con mentiras y falsos testimonios, que personas ajenas a la relación (amistades o familiares), también creen que la víctima es una persona caótica. 

Un ejemplo: pongamos que el manipulador es infiel a su pareja y esta le pide explicaciones. Inmediatamente él la acusa de inventarse problemas, de  tergiversar y malinterpretar la realidad. La acusa de ser desconfiada, de querer controlarlo todo, de no amar suficiente, de deformar las palabras y las intenciones de los demás. La acusa de imaginar enemigos y fantasmas inexistentes, de tener un problema de salud que le hace perder la memoria, de ser ella la infiel. Dirá que ya le habían advertido de que la víctima era una persona problemática incapaz de mantener una relación duradera. Dirá que está tan preocupado que no ha tenido más remedido que hablar con la familia de la víctima para explicarles lo mal que está él a causa del comportamiento de ella. Dirá que sospecha que es ella quién hace tiempo que tiene un amante. Tergiversará información del pasado que en algún momento la víctima ha compartido con él y la utilizará para sembrar la duda en la víctima...

divendres, 9 de gener del 2015

La bruja de al lado

(...) Cuando la joven se acercó al cristal para mejorar su campo de visión, no pudo disimular su horror. Era un ser repugnante.

Bajo el sombrero andrajoso, lucía una melena sucia y alborotada: el pelo era quebradizo, amarillento, casi verde, como si se hubiera chamuscado con la plancha de carbón. Y su rostro era asimétrico e inhumano. Tenía lo ojos claros, caídos, pequeños y rápidos y a su alrededor miles de patas de gallo afeaban, si cabe aun más, su mirada de ave carroñera. Tenía una narizota grande, ganchuda, rojiza, como si se tratara de la nariz del borrachín del pueblo. ¿Y su boca?. Era una boca pequeña, de labios finos y dientes amarillos. Al reír, se podía vislumbrar su lengua blanquecina y al expirar, su aliento apestaba. Y por su expresión enajenada diríase que la inteligencia de la bruja brillaba por su ausencia.

No advirtió su presencia en la ventana, así que, sabiéndose a solas, se desvistió para tomar un baño en un barreño lleno de mugre y agua sucia que escondía debajo de la cama. Aquel movimiento hizo salir algunas ratas de su escondite. La joven tuvo que hacer un esfuerzo para no gritar. El espectáculo era dantesco. El cuerpo de la bruja era extremadamente delgado y malhecho. Tenía una defecto en la columna que la obligaba a curvar los hombros y la espalda formando una espléndida joroba. Era tan seca como el palo de su escoba. No parecía una mujer. Donde deberían estar sus pechos había un trozo de piel, lisa y lechosa, cubierta por unos pezones minúsculos, afilados y oscuros, como de cabra. No tenía caderas y su trasero era recto y plano como una tabla.

Su piel blanca, enfermiza, plagada de verrugas y escamas, provocaba rechazo. En las piernas y en las pantorillas, antes cubiertas por su harapiento vestido, se dibujaban unas tremendas venas azules, varices hinchadas como globos, que brillaban llenas de sangre. Una verruga brillante y aceitosa ocupaba casi todo el pie izquierdo de la bruja. Sus uñas, las de las manos y las de lo pies, eran largas y negruzcas.

Durante un instante, sintió compasión por la bruja. Con ese aspecto nadie la amaría nunca. Nadie permanecería junto a ella demasiado tiempo. Nadie le ofrecería su amistad. Ningún hombre en su sano juicio se sentiría atraído por ella. Ni amigos, ni familia, ni amantes. Estaría siempre sola... Pero entonces recordó todas las maldades, todo el dolor y todo el odio que la bruja había sembrado a su alrededor y dejó de sentir pena por ella. Si aquella mujer no hubiera sido tan cruel, si su interior no estuviera tan putrefacto, no tendría ese aspecto tan repulsivo: cuando salía a la calle se maquillaba, se arreglaba y utilizaba su magia negra para disimular tanta fealdad, pero en la soledad de su hogar, la bruja tenía justamente el rostro que le correspondía.
Tal vez, durante un tiempo, conseguía engañar a la gente mediante trampas y hechizos, pero al final, cualquiera que se acercaba a ella, acababa descubriendo su verdadera esencia y huía despavorido. 

No pudiendo soportar más esa visión, la joven apartó su mirada. No estaba preparada para soportar tanta podredumbre, así que se alejó de la ventana, prometiéndose a si misma que jamás, bajo ningún concepto, volvería a acercarse a un ser tan deleznable (...)