divendres, 5 de desembre del 2014

Et paralitza la por als canvis?

Ho va dir Darwin: "No és l´espècie més forta la que sobreviu, ni la més intel.ligent, sinó aquella que respon millor als canvis". 

És allò d´adaptar-se o morir. Allò de no ser rígid, ni  amb un mateix ni amb l´entorn. No quedar-te paralitzat quan s´acosten "canvis" -qualsevol tipus de canvi- que saps que afectaran la teva zona de confort, saber reaccionar, ser fort i flexible al mateix temps, com el bambú, no aferrar-te al que sempre has estat o al que sempre has tingut -malgrat que saps que ha arribat l´hora de tancar etapes i d´obrir-ne de noves-.

És normal tenir por als canvis, perquè els humans som reticents a abandonar allò que ens és còmode -perquè és el que coneixem i el que controlem-. Però la vida és una constant transformació que no es deté mai: la natura, les persones, el món, l´univers sencer estan sempre en moviment, canviant, fluint i evolucionant. I, de la mateixa manera, nosaltres, com a individus, no ens podem quedar aturats, perquè també ens transformen, travessem diferents etapes vitals i sovint ens veiem obligats a introduir canvis a la nostra rutina habitual per readaptar-nos: canviar de casa, de ciutat, separar-te, madurar, començar una nova relació, deixar una feina perquè et sents atrapat -o perquè t´acomiaden-, tenir un fill -i després decidir si en vols tenir més-, envellir... 

Els canvis SEMPRE són un repte, una nova oportunitat, però de vegades ens provoquen vertigen i ens envaeix una desagradable sensació d´inseguretat. I sents que si dones una passa més cauràs per un precipici, així que et paralitzes. Com enfrontar aquestes pors?

dijous, 6 de novembre del 2014

Época de cambios



"Hoy me he levantado con un salto mortal"... Bueno, tanto como salto mortal no, pero me he levantado con unas ganas locas de ordenar ropa, bolsos, fotos, papeles y documentos varios. Y, ¿por qué?. 

Pues exactamente no tengo ni idea pero creo que tiene que ver con el cambio de estación -aunque el otoño oficialmente llegó hace tiempo es ahora que por fin notamos que acabó el verano- y con el cambio de la luz -ahora amanece y anochece muuuy pronto-. Porque a mí, el frío de las calles me invita al recogimiento y a la reflexión interior -aquella que te ilumina mientras tomas una taza calentita de chocolate o te acurrucas bajo una manta-.

Y resulta que todos estos cambios exteriores me empujan, sin ser consciente, hacia una renovación interior, supongo que con el objectivo de ser más y mejor cuando llegue la primavera. Los cambios exteriores me recuerdan que yo también puedo cambiar y me reactivan las ganas de dejar atrás de una vez por todas las "cosas" inservibles que ya no quiero que me acompañen nunca más en mi camino -y sí, lo habéis adivinado, este "cosas" engloba a todo y a todas aquellas personas que ya no me interesan por ser tóxicas o directamente, malas personas que no me hacen ningún bien-.

Así que os escribo rapidito desde mi escritorio recién ordenado -parece increíble- porque estoy a punto de salir a tirar al contenedor dos bolsas de basura bien llenas de "cosas" que ya nunca más necesitaré ni nunca echaré de menos. 

Adiós basura, adiós.

 

dimecres, 23 de juliol del 2014

Dejar ir: miedos y temores





Soy una persona que se resiste a los cambios, aunque a medida que voy cumpliendo años, opongo menos resistencia a ellos, porque mi experiencia personal me ha demostrado que, al final, los cambios siempre han sido para estar mejor - pese al vértigo que sentía cada vez que me olía que una etapa se había acabado-.

Ahora intento tener menos miedo, dejarme llevar, no resistirme, dejar que las cosas fluyan y que sea el tiempo quien apague mis temores. Pero, ¿por qué nos cuesta tanto dejar ir?.
 
A menudo nos hacemos fuertes en nuestros sitio, nos agarramos con manos y uñas y miramos hacia otro lado para no ver que ha llegado el momento de soltar amarras. Porque esta historia, este tiempo, de esta manera, se ha terminado. Y aún cuando en tu interior lo sabes, te niegas a aceptarlo.

Porque dejar ir significa renunciar a algo o a alguién que nos importa muchísimo. Significa decir adiós para siempre. Implica una despedida no deseada - pero no por eso menos necesaria-. Y entender que habrá cambios y que ya nada será exactamente igual. Implica aceptar una pequeña muerte en nuestro interior, y como todas las muertes, vendrá acompañada de tristeza. Y tenemos miedo de sufrir.

Tememos al tiempo de duelo que vendrá después de la tristeza. Un tiempo necesario para procesar y asimilar que ese algo, ese alguién, esa costumbre, esa rutina, ya no està en nuestra vida, ni volverá a estarlo. Tenemos miedo de no recuperarnos nunca más de esta pérdida. Tenemos miedo de no adaptarnos a la nueva situación, de no volver a ser felices nunca más.

Pero lo cambios no tienen porqué ser malos. Y sea como sea, la vida sigue: no te aferres a un presente incierto que ya no te hace feliz.